Quiero ser semilla

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Eres una de las hojas verdes

en un árbol plácido.

Respiras sueños azules.

Subsistes cerca del río,

que pliega algas suavemente

y en las orillas hace burbujas.

Eres alma lobulada

con un sentimiento

que esparce la brisa

en el bosque circundante.

Verde estrella en la mano que te sustenta.

En unos días la moda te vestirá de ocres

para tu final.

El abismo aguarda

y mientras te aproximas a su dominio,

te preguntas:

¿Por qué fui hoja y no semilla?



QUIERO SER SEMILLA(c) Antonio Portillo Casado
(Del poemario Vientos del Verso)



El viento y el campo

Imagen de la red



El viento racheado,
una estampida de ánimas arrastra;
empuja los cipreses
que flamean suplicando al azul.
Iza olas en el barro
que descoyuntan alambradas.
Derrota banderas ególatras.
Rompe cristales plácidos,
resquebraja edificios corroyendo sus espadas.
Mas en el campo soberano,
se aquieta el viento.
Modera su ímpetu,
se vuelve brisa.


El viento y el campo(c) Antonio Portillo Casado

(Del poemario Vientos del verso)

Fueron a despedirme las amapolas

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Ellas no me lo dijeron para que no me molestase, porque no quiero que muevan su delicada y estilosa figura para saludarme. Pero yo sé que dejaron momentáneamente su campo de lanzas verdes para decirme adiós. Abandonaron su alfombra ondulante y glauca, pero de lanzas, mientras éstas soñaban que Helios doraba sus picas. No me dijeron nada, pero sé que aprovecharon ese sueño azul de las alabardas y con sus caras encarnadas, sus pestañas azabaches y su elegante paso, llegaron hasta el borde de la vía por donde iba a pasar yo. Las vi lozanas, entusiasmadas, trémulas. Alguna se atrevió a flirtear con una sonrisa de luna oriental y una mirada intensa de enamorada. Me despedí, las besé y me sonrojé como ellas. Sus perfumes me acompañan. Yo les dedique una sonrisa cómplice que ellas entendieron. Me alejé, con el alma más grande y el corazón más pequeño, entre los olivos y las hierbas primaverales que nos observaban y sentían un instante de felicidad sureña.


Fueron a despedirme las amapolas.(c) Antonio Portillo Casado

(Del poemario SINGLADURAS. NOV 2016):


Bella Dulcinea


Escucha a ese necesitado
corazón enamorado
que musita, desde su abismo,
tu dulce nombre, entre los musicales
ecos que las bellas ninfas entonan.

Siente, tierna flor de la mañana,
el ligero aroma de la fresca
hiedra que desde ese abismo
de sentimiento, hacia ti asciende
con fragancias elegantes.

Interpreta, divina lira,
la tenue forma
en que ese rapsoda enamorado,
sus bellos cantos azules te entona,
¡blanca amapola!

Acaricia, cálida brisa,
ese manantial de amor que hasta ti fluye
derramándose serenamente
en tiernos besos ondulados,
que mansamente te llegan.

Observa, cándida luz,
ese trémulo corazón
que en el jardín celeste pasea
con los colores del amor,
buscándote, bella Dulcinea.


(Del poemario Singladuras)